¿Verde? ¿Blanco? ¿Rojo?

ue un lunes. Todas las catástrofes comienzan en lunes. Ocurrió en el patio de mi secundaria, una casa señorial de los años 20 en la colonia Condesa de la Ciudad de México, que alguien convirtió en un colegio de sistema "activo". Las ceremonias de honores a la bandera siempre son buen pretexto para el relajo de los escuincles y el enojo de los docentes, pero todo ello puede incrementarse si entre los presentes está el inspector de zona.
Todo iba bien en la ceremonia (tan bien como puede ir en una secundaria "medio libre" o sea, todos fingiendo atención y pensando en cualquier cosa), cuando, entre los sonores acordes del himno nacional, entre aquellas estrofas que nos recuerdan a los que nos dieron patria, empezó a sonar una ochenterísima canción del grupo "The Outfield".
Esos segundos que tardó el encargado de la grabadora en apagarla fueron memorables. En medio de un silencio rijoso y chacotero el inspector de zona puso cara de "indignación nacional" mientras la directora veía como el negocio familiar estaba a punto de desaparecer gracias a un fan del pop británico.
Pero el gran final estuvo a cargo de la abanderada. Una preciosa chica con excelente promedio quien se contagió del fervor "popero revolucionario" y decidió que era un buen momento para demostrar su "enojo ante el sistema".
Como el edificio en el que estábamos había sido una mansión (y no estaba diseñado para ser una escuela), para salir del patio había que pasar por un espacio techado que originalmente servía como garage. Me consta que en otras ocasiones ella siempre tuvo cuidado (¿Cómo lo sé? pues porque yo siempre era el tipo que se pone atrás para darle órdenes a la escolta). Pero ese era "su momento", y aunque fuera de manera símbolica, había que sumarse a la sublevación. Desde ese día, la bandera de nuestra secundaria fue verde, blanca, roja y gris, luego de que ella, mientras la escolta entraba a ese espacio techado, colocó el asta en posición horizontal para que el lábaro patrio barriera ese patio lleno de hormonas de pubertos.
24 de febrero, Día de la Bandera…¿qué decir de ella? Creo que es como ese jarrón viejísimo que alguna tía nos heredó y que no sabemos en dónde colocar pero nos encanta presumirlo a las visitas. Nunca he visto una protesta callejera, plantón o manifestación en la que falte una bandera nacional; sin hablar, por supuesto, de las fiestas patrias y cuando la "decepción nacional de futbol" sale a la cancha a defender nuestros colores.
Sin embargo, fuera de esos momentos, me parece que la Bandera nos es lejana. Creo que es algo que el gobierno y los medios de comunicación nos lanzan a la cara en los momentos necesarios para que los ciudadanos inundemos nuestros corazones con el fervor patrio y nos sumemos al proyecto nacional. Y eso que, con todos los cambios que ha sufrido, en esencia siempre ha estado presente en la vida nacional (la pequeña y la grande) desde 1824: los tres colores en posición vertical y al centro el águila, la serpiente y el nopal. Este es un buen espacio para añadir un comentario a una pregunta clásica: ¿qué significan los colores de la bandera nacional? y la respuesta es: nada.
O por lo menos, oficialmente, no significan nada. Originalmente (al triunfo de Agustín de Iturbide en 1821), el verde era por la Independencia, el blanco por la Religión Católica y el rojo por la unión de la sangre española y americana. Con el paso del tiempo surgieron otras interpretaciones de los colores verde y blanco, como esperanza y pureza. El rojo siempre se asocia con la sangre y la unidad.
Sin embargo en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales que entró en vigor en 1984, no hay ninguna mención sobre algún significado de los colores.
No sé si la Comisión del Bicentenario se haya dado cuenta de ello, pero 2010 es un buen momento para darle un significado oficial a los tres colores. Sólo espero que no se les ocurra una interpretación "por microondas" del verde, el blanco y el rojo. Sería horrible que ahora nos dijeran que el primero significa "empleo", el segundo "elecciones" y el tercero "alto a la delincuencia".
Y no es que esas tres cosas no sean urgentes; lo que pasa es que un símbolo nacional debe referirse a lo que es importante para una comunidad y no sólo a sus problemas actuales. Una bandera es la insignia de un proyecto que pretende durar siglos y como tal debe ser un punto de unión entre el pasado, el presente y el futuro de un país. Por eso, el significado de cada color debería ser tan profundo y al mismo tiempo tan sencillo que sirva para unificar a la sociedad, para reconciliarla con su pasado y ayudarla a construir su mañana. Porque todos esperamos que en 2110 existan los Estados Unidos Mexicanos, y sean mejores que nosotros, ¿o no?
En 1914, los sobrevivientes de la matanza ocurrida por la renuncia de Porfirio Díaz y el asesinato de Francisco I. Madero se reunieron en Aguascalientes para establecer un pacto nacional que terminara con la violencia y la crisis que sufría México en esos momentos.
Carrancistas, Villistas y Zapatistas reunidos decidieron que, como gesto de unidad, cada miembro de estos grupos debía estampar su firma sobre la bandera nacional.
Antonio Díaz Soto y Gama, ideólogo zapatista, se acercó al lábaro, para decir que la bandera mexicana era "un símbolo de una mentira histórica, la insignia del triunfo de la reacción clerical que instauró el imperio de Iturbide", por lo que, enardecido, la tomó en sus manos para romperla.
En ese momento, todos los revolucionarios desenfundaron sus pistolas para matar a Soto y Gama. Por unos segundos, nadie se movió. Hay quien dice que Soto y Gama simplemente se cruzó de brazos y dijo que cuando terminarán, él continuaría con su discurso. Otros señalan que el político se puso blanco, pero alcanzó a decir que la bandera "se había santificado" al ser el símbolo de las tropas republicanas durante la invasión francesa de 1862.
El caso es que Soto y Gama salvó su vida, y por un breve instante, todos los revolucionarios presentes se unieron bajo una causa: defender a la bandera. Poco después volvieron a pelearse, y la violencia nacional fue pan de todos los días durante varios años más, pero por un momento, los integrantes de grupos políticos tan diferentes se consideraron parte de un mismo proyecto nacional.
Porque para eso sirve la bandera: para unirnos a todos.
Un gran beso a esa abanderada, dondequiera que esté, y aunque suene muy patriotero, ¡feliz día de la bandera!